“Emilia Sirrs. Decodificación del Origen”, 2019. Museo de la Abstracción Manuel Felguérez. Zacatecas, Mexico.

I-Códigos, Lenguajes y Espiritualidad.  

La trayectoria artística de Emilia Sirrs ha sido intensa, diríase que vertiginosa en los últimos cinco años. Coincidiendo este período con la realización de proyectos expositivos de gran calado poético y discursivo, que le sitúan como una de las voces de la abstracción mexicanas más singulares de su generación. Una singularidad poética y discursiva que, también, se abre un distintivo espacio dentro del panorama de la nueva abstracción latinoamericana.

Este corto período ha estado jalonado por tres importantes exposiciones individuales de Emilia Sirrs.  “Huella de los sentidos” (Arte Consult-Durban Segnini Gallery, Panamá, 2017);  “Abstracción y Espiritualidad” (Instituto Cultural de México de Miami, 2019);  y, por último, lo que sería sin duda alguna, su proyecto expositivo más importante y ambicioso hasta la fecha: “Decodificación del Origen”(Museo de Arte Abstracto Manuel Felguérez, México, 2019). En este contexto no se puede obviar su participación en la  XVIII Bienal de Pintura Rufino Tamayo, con una bella y estremecedora obra: Lagrimas de cenizas (2018)

Desde el punto de vista poético “Decodificación del Origen” ha supuesto una síntesis muy medida, cuidadosamente balanceada, de los recursos expresivos que se cruzan en el lenguaje de la artista. Es un lenguaje que, en sus sintaxis expresiva, además de la abstracción en clave lírica como poética predominante, incorpora  elementos del arte informalista y, también, un particular rasgo expresionista. Precisamente las dos grandes series de pintura que, junto a la sección de escultura,  articulan la muestra,  hablan mucho del  esfuerzo por llegar a conceptualizar esta síntesis poética. Todo ello se proyecta en la serie Origo formada por quince pinturas de acrílico sobre tela, y Disonancia compuesta por trece obras que, al acrílico, suman el empleo de cemento sobre la tela. Exceptuando aquí Lagrimas de cenizas que, además de acrílico y cemento sobre tela, añade el carbón y Disonancia III, 2018, que incorpora madera

Son dos series de visualidad abstracto expresiva formidables. Vistas en perspectivas, entre ambas series, yuxtaponen y entretejen sobre el plano pictórico de la muestra, dos materiales cuyo simbolismo poético los sitúa en coordenadas contrapuestas. Por un lado, el cemento (material este, junto al hierro y acero, muy presente también en las esculturas de la exposición), cuya nociones culturales invitan a pensar en las propiedades de algo físico como material constructivo relacionado al mundo urbano. Por otro, el acrílico, un material artístico de magnitud física endeble, maleable, flexible. Es una presencia, cuyo tratamiento pictórico imprime al esparcimiento, al despliega de formas abstractas, una especie de susurro de expresionismo que va matizando el tono de la voz abstracta. Algo que se percibe en la resolución libre e intuitiva, dentro de una audaz gramática abstracto expresionista, asumida por la paleta de estas pinturas que forman “Decodificación del Origen”. En ambas series destaca, de una parte, la versatilidad en el tratamiento del acrílico, como material delicado, herencia y símbolo de la pintura como esfera espiritual de la cultura. De la otra, el cemento, icono de la materialidad cultural del saber técnico-científico y de la racionalidad. Contrastar estos materiales le permite, además, enfatizar orgánicamente una plasticidad de las formas y figuras sobre los fondos. Logrando unas composiciones ricas en matices y texturas de las que emergen “paisajes” enigmáticos, invitándonos a experimentar la intuición como imaginario del (auto) conocimiento. “Paisajes”  cuyo  espesor subjetivo se intensifica a medida que el espectador percibe el llamado a la introspección escenificados por estas obras.  Planteándose así una  simbiosis poética y discursiva que en las series Origo y Disonancias, la artista encara con una visualidad abstracto expresionista cargada de magnetismo.

 II- Entre lo abstracto y la materialidad .

 Hay una gran carga expresiva manifiesta también en la selección de esculturas que se inscriben en el lenguaje de la abstracción. Sin embargo, algo diferente a cómo ocurre en su obra pictórica, el lenguaje escultórico de Emilia Sirrs, también incorpora ciertos elementos expresivos del arte mínimal que, junto a los rasgos expresionista, son sintetizados por una sintaxis en clave de abstracción preocupada por el equilibrio expresivo del simbolismo material. De ahí que sea una poética abstracta que, en sus guiños al mínimal, incorpora la modularidad, habilitando volúmenes con oquedades geométricas profundas, cuyos espacios comunican el interior con el exterior del cuerpo escultórico. Proyectando una acentuada percepción objetual de las esculturas. Algo que es notable en obras como, por ejemplo, Sin título I, 2019 y, también, Sin título II, 2018. De ahí también, el hecho de que, en su fortaleza material, sean obras evocadoras de un aura primitiva por el tratamiento intencionado de los materiales y las superficies. Habla de ello las barras con una herrumbre añeja semejante a la que impregna al hierro cuando es desenterrado. Es un tratamiento de la piel escultórica de apariencia primitiva que lleva también el cemento, con textura rugosas e irregulares. Este tratamiento del material consigue una imponente solidez, un efecto de presencia física instantánea de dureza (im) penetrable y sobrecogedora. Conformando una dinámica expresiva donde este cuerpo de obras deslizan significaciones unas veces de aspectos totémicos, otras de extraña herramientas de trabajo. En su apariencia totémicas el cemento está en contacto con la tierra. Mientras que las formas tubulares de hierro desnudo, en cambio,  se proyectan hacia el cielo, interactuando con el aire. Otras veces, estas esculturas cobran la apariencia de enigmáticas herramientas de trabajo. De mecanismos o dispositivos por donde parece hacerse circular una energía que expande su potencia espiritual por el espacio.  

Resulta curioso percatarse que la poética abstracto expresionista de Emilia Sirrs emplee asiduamente en “Decodificación del Origen” dos materiales: El acrílico y el cemento. Hay otros, sin embargo son estos dos, y su relación, los que tanto la pintura como la escultura emplean con gran peso simbólico. Ambos fueron empleados también con regularidad por el muralismo mexicano. Como movimiento de vanguardia este fue quien, en su desarrollo renovador de los materiales dio mayor protagonismo, quien en proceso de novedad  poética, fue sustituyendo el óleo por el uso del acrílico. Para una artista como Emilia Sirrs, el empleo del acrílico, asociado al simbolismo del cemento, significa poder reinscribir su expresión sin perder consistencia. Implica superponer y condensar un mayor espesor de significaciones en el lirismo de su lenguaje abstracto expresionista. En las escultura de hierro y cemento, este material ha dejado de ser bidimensional, como sucede en la pintura, para convertirse en algo corpóreo tridimensional. Un material que, junto al hierro, encara el lenguaje de la escultura como una especie de arte aplicado dentro de la sintaxis abstracto expresionista. Sin embargo, hay en la exposición obras de escultura como Mundo interrumpido, 2016 y Crash, 2019 que en su lenguaje abstracto, más que rasgos expresionistas, incorporan elemento de la poética conceptualista. Son esculturas que, además de su naturaleza objetual, revisten un carácter más instalativo, donde el lenguaje reflexiona sobre si mismo, sobre sus condiciones y codificaciones de expresión. Crash, por ejemplo, es una escultura instalativa hecha de pequeños segmentos y círculos de hierro, pero según se mire, estos elementos pueden interpretarse como 0 y1, es decir el código del lenguaje binario.

 III- El origen como fecundidad inextinguible

 Desde una dimensión discursiva en “Decodificación del Origen”  es perceptible instantáneamente la fuerza espiritual, el ímpetu expresivo de una subjetividad auto afirmativa de la vida. Una vida que expresa su trascendentalidad evocando paisajes de la intimidad que habla, sin embargo, al espacio social desde la experiencia artística. Es desde la recreación de esos paisajes  donde se invita a pensar  más allá de los imperativos y las limitaciones que impone las contingencias del mundo. En  “Huella de los sentidos” Sirrs despliega estas ideas con obras que hacían referencias a instrumentos de música tradicional, pertenecientes a distintas culturas. Es una reflexión que recupera la noción de autoctonía como potencia de inspiración para la autenticidad de las expresión artística. En esta reflexión , la noción de autoctonía queda desprovista de los tópicos que suministra una interpretación maniquea de la tradición. Pero también, en su reflexión, estas obras despojan a la noción de autoctonía del folklorismo con las que es comúnmente representada por la industria cultural y del entretenimiento. En la muestra “Abstracción y Espiritualidad”, a esa reflexión se relacionaba otra donde la artista explora espacios ideales, momentos donde la percepción del ser, se fundía con la percepción de la naturaleza. Ambas reflexiones están contenidas en “Decodificación del Origen”, pero aquí el énfasis discursivo se desplaza hacia el  lenguaje.  El lenguaje como expresión incombustible, como fuente que origina un saber, una comprensión sobre la vida de fecundidad inextinguible.

Texto del Catálogo con motivo de la Muestra. Por Dennys Matos.

Todas las imágenes por cortesía de la artista.

 

Las Entropías de Guillermo Fornes. Texto Catálogo con motivo de la muestra "Entropía"

Es difícil no percibir la espiritualidad, el aura trascendental intensa que transpira la obra de Guillermo Fornes (Bilbao, España, 1964), especialmente en “Entropía” (2019), su primera exposición personal en Estados Unidos.  Una muestra compuesta por veinte obras, realizadas en 2017-2018, donde se incluye la serie Epifanía, formada por siete dibujos.

Destaca en este cuerpo de obras el empleo de una poética, cuya estirpe hunde sus raíces, por un lado, en el arte abstracto expresionista. Por el otro, en un conceptualismo simbólico expansivo, que explora una iconografía de códigos expresivos propios. Vista así, la poética de Fornes viene marcada por un lenguaje que bebe, casi en la misma proporción, tanto en la fuente de la abstracción lírica, como también en la de un simbolismo expresionista de sintaxis conceptual donde, a menudo, se incorporan también elementos expresivos de la neo figuración. Todo ello es visible en obras como, por ejemplo, Arch Light, Bow Shadow, Enzo o Encuentro. Llama la atención aquí, la presencia de un repertorio iconográfico formado por círculos, arcos y circunferencias, líneas de trazos gruesos o finos, que buscan la belleza escondida tras la armonía de las proporciones. Del mismo modo que llama la atención, el uso de la pólvora como especie de pigmento que difumina los contornos de los objetos en el plano pictórico, que expande y hace transpirar los diferentes espacios delimitados por las figuras. Figuras como posadas sobre unos fondos difuminados, por cuyas texturas el color parece haberse filtrado, dejando solo el rastro, la sombra de lo que fue. De ahí que no haya en estos fondos afirmación de color alguno. O al menos, se atenúa la intensidad del mismo, porque en estos fondos, lo que se busca más bien, es la levedad de una luz que contiene las auras de todos. De ahí también, esa sensación de ingravidez, ese salto al vacío de una mirada que, proyectando hacia todas direcciones el equilibrio, “apacigua” la tensión y las áreas de disyunciones expresivas propias de su gesto pictórico.

 

La obra de Fornes en su proyección discursiva está empapada de un profundo humanismo, de una vocación por la cultura, el conocimiento, la experimentación y curiosidad sobre el mundo. Esta potencialidad espiritual haya su punto de arranque en la expresión de una subjetividad, cuyo centro de gravedad es el espacio del imaginario íntimo. Es una mirada similar a como sucede en sus espacios pictóricos, expansiva, que convoca una reflexión múltiple. En esa reflexión, aun cuando ésta se hace desde una voz en primera persona, se dan cita el libro de la historia y el libro de la naturaleza. En el cruce de caminos entre ambos, es donde la existencia del hombre se torna mitológica, trascendente. No es casual entonces, que en esta muestra Fornes traiga a colación referencias a la mitología griega, egipcia y hebrea, como sucede en obras como, entre otras, Caronte, Ananké y Enzo. Dos de estas obras, Caronte y Ananké, encarnan el relato de dos deidades de la antigua Grecia. La primera, nos pone en el camino de la experiencia humana más radical: el camino a la muerte. Caronte, como guía de los difuntos de una a otra orilla del rio, donde las sombras errantes encontraban la paz eterna. Ananké, en cambio, es la identidad de la que nace el mundo, el origen del ser y el tiempo absoluto. Las imágenes de ambas obras llevan plasmados círculos sobre fondos de luz y colorido casi neutro, que nos hace intuir una capilaridad ondulante de la superficie pictórica, presentes también en otras pinturas de la muestra. La relación de ambos elementos articula una especie de capital expresivo en clave de lenguaje simbólico expresionista, que se hace distintivo, no solo en esta muestra sino también en la obra anterior de Fornes.

Resulta sintomático que sea el concepto de Entropía el que inspire esta muestra. Un concepto proveniente de la física, cuyo enunciado fundamental, a grosso modo, es el de una magnitud física capaz de mantener el equilibrio de un sistema y que, por tal razón, puede medir el grado de organización del mismo. Es sintomático, porque habla de cómo la experimentación con el lenguaje y los materiales, forma parte de la sintaxis expresiva del artista. Trabajo de sintaxis como una suerte de alquimia, donde la pólvora y el agua, el lienzo, la pintura y el papel, buscan destilar otra realidad del material, capaz de absorber el espesor e intensidad de la subjetividad. Por otra parte, un discurso que ha dejado de creer en los macro relatos de las utopías que ilusionaron al hombre del siglo XX. Una sensibilidad, que percibe la inestabilidad de nuestro mundo como una fuente de feroz incredulidad. Por tanto, dada la crisis de los valores, se hace necesario fundar el alma de otra espiritualidad, de otro humanismo con la potencia para irradiar hacia el exterior la armonía y el equilibro del “ser” en la intimidad. Las obras de Fornes llevan, en cierto modo, una marca de ‘lo neutro’, en el sentido que le otorga Barthes, aquello “que desbarata el paradigma”, aquella diferencia que separa “el querer-vivir del querer-asir”. Son estos paisajes íntimos de Fornes la expresión de una euforia incombustible, el pulso de la verdad de la vida que no se apaga.

Todas las imágenes por cortesía del artista y ArtScpeLab, Miami,

Dennys Matos.