Mesa Redonda. "Abstracción y Constructivismo (...)". Galería Durban Segnini, 14-07-2015. Ponencia de Jorge Brioso, profesor de Carleton College, Minnesota

Antes de comenzar quiero agradecer a Dennys Matos la invitación. Aprovecho también para dar las gracias a la galería Durban Segnini  

“Los pintores abstractos no pasean” es el titulo de mi intervención

Empiezo con un aforismo: un pintor abstracto es un artista que no pasea, que no deambula por la ciudad en busca de una dirección, de un sentido. Este aforismo se inspira en el manifiesto que publica  el artista hispano-uruguayo Joaquín Torres García en París  en 1930  titulado “Querer construir”. Allí afirma:

“Poner orden ya sería algo, pero es poco. Lo que hay que hacer es crear un orden. Podemos poner orden, por ejemplo, haciendo un paisaje naturalista. Más o menos todos los pintores disponen así sus cuadros. Están ante la naturaleza como cuando salen de paseo. Pero el que crea un orden establece un plan - pasa de lo individual a lo universal.” 

Un pintor abstracto es un artista que no pasea. Para entender la importancia de este aforismo hay que recordar que el modelo del artista moderno nace con el flâneur de Charles Baudelaire y con el hombre de la multitud de Edgar Allan Poe. En ambos se descubre un modelo de arte donde el desorden y el azar rigen los principios de composición. El deambular del flâneur por las grandes urbes modernas y su ejercicio de inventarle rostros e historias a la multitud anónima son las figuras con la que Charles Baudelaire trata de pensar el sentido en la obra moderna. Edgar Allan Poe descubre un nuevo enigma en el carácter ilegible, inclasificable, imposible de ordenar de la multitud. Alrededor reinan la confusión y el desorden, en esto concuerda Joaquín Torres García, pero con eso no se puede construir una obra de arte. Para construir una obra de arte hay que crear un orden. Y lo primero, aclara Joaquín Torres García, es crear un plan, un modelo, un método. Esto, por supuesto, nos lleva a otro gran héroe de la modernidad, René Descartes, que proponía un método para resolver todos los misterios, para exorcizar la apariencia de azar y caos que porta la realidad. En sus Discurso del método René Descartes afirmaba: “Las largas cadenas de razones, todas sencillas y fáciles, de que acostumbran los geómetras a servirse para llegar a sus más difíciles demostraciones, me habían dado ocasión para imaginarme que todas las cosas, que puedan caer bajo el conocimiento de los hombres se siguen las unas a las otras en esta misma materia y que sólo con cuidar de no recibir como, verdadera ninguna que no lo sea y de guardar siempre el orden en, que es preciso deducirlas unas de las otras, no puede haber ninguna tan remota que no quepa, a la postre, llegar a ella, ni tan oculta que no se la pueda descubrir”.  

Si se rehúyen las pistas falsas y se mantiene el orden de los razonamientos no queda espacio para el error, ni recoveco para el misterio. Un artista abstracto es alguien que no pasea. Es un hombre que prefiere las ideas a las personas y los objetos porque sabe que mientras paseamos las cosas siempre nos enseñan su rostro pero nunca su espalda; su anverso pero nunca su reverso. El artista abstracto apuesta por una visión que trasciende nuestros actos perceptivos y puede encaramarse, cosa que negó toda la filosofía moderna a partir de Immanuel Kant, en la espalda de los objetos. Mirar a través de las formas que constituyen la sintaxis de lo real la parte de la realidad a la que nuestros sentidos nunca accedieron. El artista que pasea o el filósofo que camina mientras piensa son sustituidos por el artista cartógrafo que entiende que para comprender realmente un espacio hay que trazar un plano, crear un mapa, inventarle un orden abstracto a nuestros recorridos.

El artista que pasea y el filósofo que piensa mientras camina afirman que la realidad del mundo es solamente correlacional, que antes del paseo y el caminar, anterior al sujeto, no existe el mundo. Que la realidad y el sujeto son totalmente contemporáneos y que es imposible imaginar el uno sin el otro. La pregunta que esta visión de la realidad no puede responder es la siguiente: ¿cómo sería la realidad antes que nosotros existiéramos, cómo es la realidad cuando nosotros no la vemos, cómo será cuando ya no estemos? Para imaginar esto se requiere un ejercicio de abstracción radical. Una abstracción tal que pueda imaginar una realidad sin sujeto. Una realidad sin que sea percibida por nadie. Pensar ese absoluto afuera que es el mundo antes o después de que nosotros lo percibimos. A esta forma de acercarse a lo real lo descartó la tradición filosófica como un realismo ingenuo. Fuera de las coordenadas que la percepción y el espacio y el tiempo de nuestra conciencia le impone al mundo, afirmaba Immanuel Kant y detrás de él todos los filósofos modernos, la realidad resulta impensable.

El acontecer, el aparecer de las cosas ante nuestra conciencia, y su ser coinciden plenamente. El abstraccionismo nos propone la paradoja, y solo las paradojas son dignas de pensarse, de un ser anterior a su acontecer y su aparecer. Un ser que no necesita del sujeto para adquirir sentido. Para aprehender la realidad, ese absoluto afuera que vive sin nosotros, no hace falta pasear ni caminar. Es mejor abstraerse, tratar de descubrir las formas puras y sus cualidades. Crearle orden a un espacio que es anterior a nuestro sentir y que trasciende todas nuestras percepciones. Algo de realismo, sin duda, hay en esta mirada. Pero no de realismo ingenuo, como sospechaba la tradición filosófica, sino de un realismo especulativo, según ha acuñado el filósofo más talentoso de los últimos tiempos: Quentin Meillassoux, cuya obra ha dejado una profunda huella en este texto. En su excelente libro, Después de la finitud, este filósofo afirma: “Parece urgente, en efecto, volver a pensar lo que podemos denominar los presupuestos del sentido crítico: a saber, que la potencia crítica no está necesariamente del lado de aquellos que socavan la validez de las verdades absolutas, sino más bien de aquellos que llegasen a criticar a la vez el dogmatismo ideológico y el fanatismo escéptico. Contra el dogmatismo, importa mantener el rechazo de todo absoluto metafísico; pero contra la violencia argumentada de los fanatismos diversos, importa volver a encontrar en el pensamiento un poco de absoluto, el suficiente, en todo caso, para oponerse a las pretensiones de aquellos que se querían sus depositarios exclusivos, por el solo efecto de alguna revelación”. Y ese poco de absoluto, tan necesario al pensamiento y a la sociedad actual, solo lo puede otorgar el abstraccionismo geométrico ya que se atreve a pensar la realidad más allá de nuestros sentidos pero también entiende que esta realidad no tiene un carácter sagrado, ni divino, sino que es profundamente secular, incluso humana. Una humanidad cyborg, como afirmaba Donna Haraway,  que se atreve a pensar lo ancestral, lo anterior a la aparición del hombre en la tierra, y una realidad post-humana.  Algo de eso sospechaba Guillaume Apollinaire cuando afirmaba, en otro  aforismo,: “Los artistas son ante todo seres humanos, que quieren volverse inhumanos”. Solo los humanos se han atrevido a pensar lo que sería el mundo antes y después de ellos. Y solo los artistas geométrico-abstractos se han atrevido a pintarlo.

"Abstracción y Constructivismo. Continuidad y Ruptura en la Modernidad Latinoamericana". Hasta el 30 de Octubre, 20015. www.durbansegnini.com

Imágenes. Cortesía de la galería Durban Segnini, Miami