Arte Contemporáneo Cubano en los Estados Unidos. Apuntes después del deshielo

Versión del texto en español aparecido en la Rev Arte Cubano. Especial 2015. Publicado por Dennys Matos. Pag 20-21. 

 

I-El discurso diasporico antes y después del deshielo

 

Comienzo estas reflexiones con una anécdota. Hace unos días me comentaba un gran amigo profesor, la sorpresa que le causó el discurso de bienvenida de una senadora a los nuevos alumnos de una importante universidad privada de los Estados Unidos en la que él imparte clases. En su discurso, la senadora, comentó que los nuevos estudiantes tendrían una oportunidad histórica de la que no había gozado su generación. Se refería a que en lo adelante ellos podrían viajar libremente a Cuba.

El 17 de diciembre de 2015 se cumplió un año del anuncio del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos. En una nota que sorprendió al mundo entero, los presidentes Raúl Castro y Barack Obama daban luz verde a la apertura de embajadas en La Habana y Whashington. Se ponía así fin a más de medio siglo de hostilidad entre ambos países cerrándose el capítulo más explosivo de la Guerra Fría en el hemisferio occidental.

Sin embargo, a pesar de este más de medio siglo de hostilidad, la curiosidad por el arte y la cultura cubana en Estados Unidos, nunca dejo de crecer, del mismo modo que el interés en Cuba por el arte y la  cultura norteamericana fue acrecentándose. El fenómeno conocido como la diáspora artística de principio de los noventa (planteado audazmente por Iván de la Nuez), provocó una salida masiva de artistas e intelectuales cubanos. Artistas de la generación de los ochenta, junto a otros que comenzaban a despegar en la década de los noventa. Así, el fenómeno de la diáspora involucró tanto a artistas con una trayectoria internacional importante, como a otros más jóvenes que recién comenzaban a insertarse en el circuito internacional. Una buena parte de estos se instalaron en los Estados Unidos, y el resto se desperdigo fundamentalmente por México, Venezuela y España. En Estados Unidos, se desarrollaron dos importantes polos de producción artística: Miami y New York.  

Todo ello ha creado también un fenómeno político y sociocultural inédito hasta ahora. Y es aquel fenómeno que representa  la realidad de ciertos grupos poblacionales que se mueven hoy, con gran facilidad, entre diferentes ciudades y realidades políticas económicas. Que entran y salen de Cuba sin las restricciones de antaño.  Por lo que ya no continúan viviendo bajo la carga simbólica de palabras como “dentro” o “fuera”, “extranjero” o “nacional”, “irse o quedarse”. O dicho de otra manera, estas categorías han sido desbordadas y poco tienen ya de su carácter de exclusión. Estas palabras han dejando de formar parte del léxico beligerante de estar “en contra o a favor de”. Y esto, claramente, señala un cambio de tendencia en la percepción  del peso simbólico de la geopolítica de una isla que comienza a no estar regida ya por la lógica antagónica de sus dos grandes polis, sus dos grandes ciudades-estado: La Habana y Miami.

Fue dentro de ese contexto de hostilidad La Habana Miami donde se reafirmó el discurso de la diáspora,  que reivindicó  el carácter nomádico de este nuevo sujeto cultural cubano emergido de la diáspora de los noventa. El discurso diasporico tuvo el objetivo de crear nuevos territorios fuera de la tensión La Habana-Miami, que había monopolizado el imaginario político cultural cubano, tanto dentro como fuera de la isla, ralentizadoel desarrollo de la cultura cubana, posterior a la caída del Muro de Berlín en 1989. Pero este marco de relaciones La Habana-Miami, hasta ahora hostiles, parece esfumarse cada vez más rápido. A golpe de plumazos sucesivos de Cuba y Estados Unidos, se están barriendo los diques de contención que los separaba. Y sin dique que las contengan, las aguas entre ambos países volverán a coger su nivel. Y lo harán con la mutua “ansiedad” de haber estado separadas por  más de medio siglo. El deshielo iniciado formalmente el 17 de diciembre de 2014, es solo la punta del Iceberg de esta nueva etapa para el arte y la cultura cubana.

II-Presencias

En el orden artístico sería muy difícil, por razones de tiempo y espacio, trazar un “panorama” sobre la visibilidad o percepción que, en los Estados Unidos, se tiene sobre el arte contemporáneo cubano en las actuales circunstancias. Pero si podemos avanzar sobre algunos aspectos que son constatables a día de hoy. Entre los más relevantes se puede anotar un aumento exponencial de importantes muestras colectivas o individuales del arte contemporáneo cubano más actual. Muestras y proyectos recientes realizados bien en galerías, espacios, institutos y  centros de artes o museos de arte contemporáneo de entre los más importantes en el circuito de Estados Unidos. Aquí se pueden citar, entre otros muchos más, el imponente proyecto de Alexadre Arrechea “No limits” (2013) en Park Avenue de N. York,  la exposición colectiva “Cuban America: An Empire State of Mind, co-curada por Yuneikys Villalonga y Susan Lehman Hoeltzel, o la muestra de Glexis Novoa Emptiness en el Lowe Museum. Los estudios, publicaciones de libros, artículos en revistas especializadas y eventos organizados por el mundo académico igualmente se han acrecentado en el poderoso tejido de las universidades y colegios. A ello se añade la presencia creciente en las subastas de arte contemporáneo más prestigiosas, y el fichaje de artistas por parte de potentes galerías norteamericanas. Esta suma se traduce en la inclusión de un numeroso grupo de artistas en las colecciones públicas y privadas de arte contemporáneo más representativas de Estados Unidos.  

En este “panorama”, se ha conformado un destacamento de artistas con una gran visibilidad y representación en los altos circuitos del arte contemporáneo más actual de Estados Unidos. Entre muchos más destacan,  Los Carpinteros, Carlos Garaicoa, Enrique Martínez Celaya, Glexis Novoa, Alexandre Arrechea, José Bedia, Tania Bruguera, Esterio Segura, Wilfredo Prieto, Ana Magdalena Campos,  los hermanos Capote, Elio Rodríguez, Armando Mariño, Luis Cruz Azaceta, por solo citar algunos ejemplos. Sin olvidar a tres autores, ya desaparecidos, pero que han dejando una profunda huella en los artistas actuales. Estos son, Ana Mendieta, (probablemente la artista cubana contemporánea mas exhibida y conocida en Estados Unidos), Félix González-Torres y Carlos Alfonso. 

                                                                              III-Percepciones

El discurso del arte cubano contemporáneo en Estados Unidos, ha tenido diversas percepciones, pero hay tres momentos que se presentan con mayor énfasis. El primero es aquel que describe a un arte producido dentro del proyecto utópico de la revolución. Es fundamentalmente el arte de la generación de los ochenta, portador de espíritu subversivo, resultado de su reacción contestataria sobre los enunciados de la política cultural revolucionaria (Toirac, Pedro Álvarez, Lázaro Saavedra, René Francisco y Ponjuan, Alejandro Aguilera, por solo citar algunos ejemplos). Un segundo momento en el que se dibuja una especie de “parque temático”, donde las iconografías de las balsas, la isla de Cuba (por ejemplo, Cruz Azaceta, Kcho, Sandra Ramos, Ibrahim Miranda), o la representación de las ruinas (Carlos Garaicoa, Gustavo Acosta, entre otros), alcanzan una fuerte presencia en el imaginario visual. Ambas iconografías leídas en clave metafórica, remiten por un lado, al drama de la emigración hacia Estados Unidos y la identidad cultural cubana, por el otro, las ruinas vienen a ser una representación del fracaso del proyecto utópico comunista cubano. Un tercer momento, en el que estamos ahora, es aquel en que se comienza a representar una especie de postcomunismo, donde se comienza a imaginar el futuro del arte y la cultura cubana.

Es un arte que, a la espera de categoría reflexiva más adecuada, describiremos aquí como arte postcomunista. Aclaro que pensar en el postcomunismo supone imaginar un más allá del futuro, según lo concibió el comunismo, que se percibía a si mismo como el fin de la historia y el nacimiento de un mundo posthistórico: un mundo sin pasado, sin contradicciones. Un mundo que sólo se alimentaba de su propio futuro, de sus deseos y sueños. Que se pensó a sí mismo como el futuro radical, el futuro hacia el cual convergían todos los tiempos de la historia y en él se agotaban. Por lo que, en ese arte postcomunista,  el post de postcomunismo, designa más bien una diferente manera de colocarse ante el pasado.  Así que acepta, por un lado,  el dato irrevocable de lo que ha sido, las dos ciudades-estados amuralladas (La Habana y Miami), el final de la guerra fría, pero donde aún persiste una especie de inevitable bipolaridad de la geopolítica cubana. Por el otro, este arte ha estado imaginando escenarios alternos a ese pasado y avanza, poética y discursivamente, para descubrir posibilidades inéditas en el mismo.  Descubrir entre los escombros que ambos sistemas han generado, (comunismo y capitalismo), nuevas formas de coexistencia, nuevos lenguajes, nuevos imaginarios artísticos. Eterno deseo de regreso y eterno deseo de cambio: se desea e imagina en este arte, que todo vuelva a ser, sí, pero como nunca había sido. En esta dirección encontramos obras de, por ejemplo, Carlos Garaicoa, Nestor Arenas, Alexandre Arrechea, Los Carpinteros, Jairo Alfonso, Glexis Novoa, Alejandro Campins, entre otros muchos más. Es un arte que plantea un nuevo dialecto cultura configurado a partirde la mezcla de dos sentimientos con temporalidades antitéticas: la nostalgia y la esperanza.  Es un arte que retoma esa tensión entre La Habana y Miami, cada vez mas disipada, pero reconociendo que el cambio, la transformación para pensar en un futuro postcomunista para la sociedad y la cultura cubana, no debe tener como asidero, ni la utopía mal lograda del comunismo totalitario revolucionario, ni tampocola idea nostálgica de una Cuba pre-revolucionaria.

Imágenes. Cortesía Artistas