Rogelio López Marín (Gory). Notes for a Restropective (1975-2015)

Versión del texto aparecido en Rev ArtNexus, N 100, 2016. Pag 107. Publicado por Dennys Matos

 

Hacía ya tiempo que la obra de Gory venía pidiendo una muestra que pusiera en valor la trayectoria de un autor cuyo trabajo, tanto en lo poético como en lo discursivo, es capital para entender la renovación del panorama de la fotografía cubana postrevolucionaria.  La muestra Rogelio López Marín, (Gory): Notes for a Retrospective”. (1975-2015), curada por Aluna Curatorial Collective (Adriana Herrera & Willy Castellanos), contempla una producción artísticadurante más de tres décadas. En la muestra aparecen obras desde, por ejemplo, la serie Solo entrada (1975-1979) hasta más actuales  como fotografíaspertenecientes a su aun inéditas serieStill Alive (2015). Pero también la muestra, en su riqueza museográfica, presenta obras pictóricas que nos recuerdan los inicios de la carrera artística de Gory como pintor hiperrealista. Todo ello convierte la exposición no solo en una retrospectiva, curiosa y ambiciosa en sudocumentación y alcance, sino también en la muestra más completa que hasta ahora se haya hecho en torno a la figura de este importante artista.

Pensar en la obra de Rogelio López Marín (Gory), es pensar en la mirada fotográfica, junto con la obra de Arturo Cuenca y Marta María Pérez Bravo, más importante y personal de la generación de los ochenta. Ese magnífico grupo de artistas que renovó, esencialmente,  el panorama de las artes visuales cubanas del periodo posrevolucionario. Porque hasta ese momento, la fotografía, en sentido general, había estado marcada por un realismo de fuerte carácter documental, cuyos códigos expresivos venían teñidos por la ideología y celeridad de las transformaciones revolucionarias de la realidad. La epopeya y  el heroísmo como elementos constitutivos del proyecto utópico revolucionario, había sido el núcleo alrededor del cual gravitaba el discurso de la fotografía cubana desde 1959. (Desde luego, aquí no estamos contemplando a figuras fundamentales de la fotografía cubana de ese periodo como Mario Alagaze oJesse Fernández, que desarrollaron una importante obra fuera de Cuba).  Pensemos, por ejemplo, en las obras de Korda, Raúl Corrales, Roberto Salas, Rolando Pujol, entre muchos más. Todos ellos desarrollaron una poética fotográfica cuya sensibilidad estaba permeada por un pulsar lo inmediato, por capturar una trascendencia de actividades o sucesos masivos y cotidianos como parte del proceso revolucionario. De ahí esa dinámica de movimiento palpitante, ese lenguaje del reportaje fotográfico empleando por buena parte de estos autores. Un lenguaje en clave de reportaje que evita la ambigüedad poética para  establecer una especie de relación inequívoca entre la imagen y el mensaje que esta traslada al espectador. Imagen y mensaje que, en el orden discursivo, se traduce en la omnipresencia de las masas. Las masas (con sus líderes) y su expresión  en labores agrícolas o en la construcción, en la defensa de la patria, o en los desfiles y manifestaciones a favor de la revolución conforman un sujeto paradigmático de la imagen fotográfica en las dos primeras décadas de la revolución. 

 

No es casual que las primeras obras de Gory como por ejemplo, la serie “Sólo Entrada” (1975-1979) con fotografías sobre el Cementerio Colon de La Habana y de Cienfuegos, estén todavía cercanas a la estética del reportaje. Sin embargo, en  ellas ya hay ya un cambio en la mirada que busca interpretar la realidad de otra manera. Se mantiene la estética realista, si, pero se escurre la presencia de las masas y en su lugar afloran más los objetos y las cosas, como sucede deliberadamente  en la serie “Ausencias” (1980-1991). Son fotos con un tempo ralentizado, imágenes que parecen congelar el movimiento, lo que le da el aura de algo que, aun siendo exterior y “publico” es filtrado como una suerte de recuerdo íntimo fotografiado. Es una mirada que ausculta la realidad intentando desvelar en ella atisbo de experiencias, de momentos que se recuperan como archivos visuales de una memoria intima y personal.  Hasta aquí la obra de Gory había asumido la realidad casi con vocación naturalista, pero en una obra como por ejemplo la serie” Piscina” y  el tríptico “1836-1936-1984”, 1987 (1-2-3), desborda estos causes para construir un referente de la realidad fuertemente estetizada.  Estas obras tienen tanto de fotografía objetiva como depintura neofigurativa realista, por la relación que establecen entre fondo y figura. En ella el objeto vuelve a ser omnipresente, pero son objetos cuyos valores semánticos han sido contrapuestos,  sus significaciones colisionadas. Por ejemplo,  en la imagen # 3, a través de fotomontaje,  se superponen algo tan blando y escurridizo como el mar frente a una materia pesada y tangible como un vagón de tren, además de un extraño y sobrecogedor busto que se repite en las tres imágenes que forma el tríptico.  Es una imagen que nos sumergen  en una realidad “convocada” por el autor donde historia y memoria, ficción y realidad se entrecruzan generando relatos y visiones tan inéditas como personales.

 

Todas las imágenes por Cortesía de Aluna Curatorial Collective.