Alexandre Arrechea. La vida, los objetos y las cosas

 

¿Dónde habitamos?.¿Objetos de vida, objetos de muerte, objetos suicidas?. Espacios alterados, espacios vigilados, espacios….

Por: Dennys Matos

 

La obra de Alexandre Arrechea (Trinidad, Cuba, 1970), comenzada en 2003, ha estado marcada por tres discursos fundamentales. En primer lugar, la problemática del Habitar, (entendido en su sentido más amplio) lo que incluye acercamientos críticos hacia la arquitectura, el urbanismo y la interrelación entre el espacio público y el territorio de lo privado. Por ejemplo a través de proyecto de escultura publica como No Limits (2013) o Katrina Chairs (2016). En segundo, la reflexión sobre el espacio como construcción psicosocial y escenario metafórico de conflictos ético-morales y político-culturales donde se pueden incluir, entre otras,  obras como Entrada libre para siempre (2006) o Pregón (2009). Y por último, una línea de gran audacia conceptual, que es aquella donde somete la idea del objeto en relación con el sujeto a una profunda revisión de su estatus, de su inestabilidad simbólica, como parte de la cultura contemporánea. En esta dirección se pueden citar obras como, entre otras, The limits, 2005 o Paisaje suicida (2008).  

¿Dónde habitamos?

 En la temática del Habitar, tanto en No Limits como la serie After the Monument (2010), el autor muestra la arquitectura y el urbanismo como simbolismos del carácter vital y mutante de nuestras ciudades. Del mismo modo, las esculturas de After the Monument, como las monumentales esculturas de No Limits nos hablan de cómo simbólicamente esta arquitectura y este urbanismo se convirtieron en investiduras del dinero y el poder durante la modernidad cultural

Las formas ‘enrolladas’ o ‘plegadas’, las sinuosidades surrealistas que cobran los ¨edificios¨ en No Limits, parecen dibujar los rostros, la mutabilidad vertiginosa que la imagen del dinero y el poder han alcanzado en el paisaje de la cultura actual. El dinero con sus infinitos recovecos de expresión, dinero sobre dinero en el circuito de los productos financieros globales, dentro del cual el arte y la arquitectura son precisamente unos de sus compraventas  más apreciados. En este sentido, tenemos Dead bird flying II y Masculinity, ambas de 2009, que ilustran esculturas sostenidas por grúas. Aquí, todo elemento escultórico o arquitectónico carece de un suelo que lo sostenga, de una tierra que garantice su estabilidad y equilibrio. En estas esculturas y acuarelas, el sujeto no aparece por ningún lado, ni en los edificios, ni en los espacios exteriores o interiores. Es como si la presencia humana se hubiese esfumado de esos lugares, como si se hubiese diluido en esas estancias. Aunque se intuye el ser, éste no está sino para observar, a través de la propia mirada que construye las moradas, su nulidad y su ausencia, no está sino para devolvernos una soledad insondable. Sin embargo, la figura humana en el Habitar aparece en obras como, por ejemplo, la serie fotográfica Architectural Elements 1 (2004) o el vídeo art Polvo (2005). En la primera, el hombre lleva en sí el peso de la materia prima, ladrillos de su posible edificio-hogar. En el vídeo Polvo, los cascotes de construcciones en ruinas de La Habana se pulverizan primero, para después ir dibujando diferentes objetos sobre una delgada capa del mencionado residuo, distintas cosas que remiten a la vida que hubo en esos espacios. Estas escenas recrean ambientes domésticos con ropas tendidas, cocinas, ventiladores etc., cuya aura de cercanía con la privacidad nos hacen sentir, en medio de tal desolación, la calidez íntima del hogar familiar. Esta experiencia acerca del Habitar los borra, les arranca sus rostros, los convierte en pilares de una construcción posible. El Habitar, que podría ser definido como la mínima expresión de lo político, la arqueología de lo político, se convierte tanto en promesa como en condena. Promesa del lugar mejor, de la utopía, de una casa-refugio portátil que irá siempre con nosotros, que garantizará protección y arraigo en donde quiera que se esté. Pero también condena, porque la carencia de tierra, de cimientos, convierte a los seres humanos en los nuevos Atlantes, los nuevos sostenedores del cosmos.

¿Objetos de vida, objetos de muerte, objetos suicidas? . 

La temática sobre el estatus del objeto en la cultura actual fue tratada por Arrechea en una muestra como Paisaje suicida (2008). Aquí el autor se inspira en un gesto contenido ya en la obra Erased de Kooning Drawing (1953), cuando Willem De Kooning envió un dibujo a Robert Rauschenberg que éste ‘borró’ mientras dibujaba encima el suyo. Los restos del dibujo de De Kooning y la obra nueva de Rauschenberg provocan que dos momentos distintos en la historia de la pintura coexistan en un mismo espacio, o mejor dicho, en una misma superficie física. El dibujo de De Kooning es un objeto que nace, pero que en su mismo nacimiento lleva, poéticamente hablando, una pulsión suicida, puesto que contempla ya su desaparición, su “auto sacrificio” o borrado. Arrechea crea objetos, que en la cadena de producción consumo se sustraen del ciclo de la moda, son objetos que se resisten a ser usados por el sujeto, por tanto no tendrán sentido práctico alguno. Esta especie de escultura de bienes de consumo, por ejemplo, Arena (2007), Chair (2008), una caligrafía de la silla en clave abstracto geométrica o Pregón (2009), se proyectan hacia el mundo real proponiendo desde el territorio del arte una temporalidad diferente, proyectando un efecto retardado respecto a la vertiginosa temporalidad modernista. Así, el arte puede crear objetos que metafóricamente nos hablan de su inutilidad, nos hablan sobre su inmortalidad y esto de alguna manera equivale a hablar de los ciclos de vida y muerte dentro de la temporalidad de la cultura actual.

-Todas las imágenes por cortesía del artista