Las Entropías de Guillermo Fornes. Texto Catálogo con motivo de la muestra "Entropía"

Es difícil no percibir la espiritualidad, el aura trascendental intensa que transpira la obra de Guillermo Fornes (Bilbao, España, 1964), especialmente en “Entropía” (2019), su primera exposición personal en Estados Unidos.  Una muestra compuesta por veinte obras, realizadas en 2017-2018, donde se incluye la serie Epifanía, formada por siete dibujos.

Destaca en este cuerpo de obras el empleo de una poética, cuya estirpe hunde sus raíces, por un lado, en el arte abstracto expresionista. Por el otro, en un conceptualismo simbólico expansivo, que explora una iconografía de códigos expresivos propios. Vista así, la poética de Fornes viene marcada por un lenguaje que bebe, casi en la misma proporción, tanto en la fuente de la abstracción lírica, como también en la de un simbolismo expresionista de sintaxis conceptual donde, a menudo, se incorporan también elementos expresivos de la neo figuración. Todo ello es visible en obras como, por ejemplo, Arch Light, Bow Shadow, Enzo o Encuentro. Llama la atención aquí, la presencia de un repertorio iconográfico formado por círculos, arcos y circunferencias, líneas de trazos gruesos o finos, que buscan la belleza escondida tras la armonía de las proporciones. Del mismo modo que llama la atención, el uso de la pólvora como especie de pigmento que difumina los contornos de los objetos en el plano pictórico, que expande y hace transpirar los diferentes espacios delimitados por las figuras. Figuras como posadas sobre unos fondos difuminados, por cuyas texturas el color parece haberse filtrado, dejando solo el rastro, la sombra de lo que fue. De ahí que no haya en estos fondos afirmación de color alguno. O al menos, se atenúa la intensidad del mismo, porque en estos fondos, lo que se busca más bien, es la levedad de una luz que contiene las auras de todos. De ahí también, esa sensación de ingravidez, ese salto al vacío de una mirada que, proyectando hacia todas direcciones el equilibrio, “apacigua” la tensión y las áreas de disyunciones expresivas propias de su gesto pictórico.

 

La obra de Fornes en su proyección discursiva está empapada de un profundo humanismo, de una vocación por la cultura, el conocimiento, la experimentación y curiosidad sobre el mundo. Esta potencialidad espiritual haya su punto de arranque en la expresión de una subjetividad, cuyo centro de gravedad es el espacio del imaginario íntimo. Es una mirada similar a como sucede en sus espacios pictóricos, expansiva, que convoca una reflexión múltiple. En esa reflexión, aun cuando ésta se hace desde una voz en primera persona, se dan cita el libro de la historia y el libro de la naturaleza. En el cruce de caminos entre ambos, es donde la existencia del hombre se torna mitológica, trascendente. No es casual entonces, que en esta muestra Fornes traiga a colación referencias a la mitología griega, egipcia y hebrea, como sucede en obras como, entre otras, Caronte, Ananké y Enzo. Dos de estas obras, Caronte y Ananké, encarnan el relato de dos deidades de la antigua Grecia. La primera, nos pone en el camino de la experiencia humana más radical: el camino a la muerte. Caronte, como guía de los difuntos de una a otra orilla del rio, donde las sombras errantes encontraban la paz eterna. Ananké, en cambio, es la identidad de la que nace el mundo, el origen del ser y el tiempo absoluto. Las imágenes de ambas obras llevan plasmados círculos sobre fondos de luz y colorido casi neutro, que nos hace intuir una capilaridad ondulante de la superficie pictórica, presentes también en otras pinturas de la muestra. La relación de ambos elementos articula una especie de capital expresivo en clave de lenguaje simbólico expresionista, que se hace distintivo, no solo en esta muestra sino también en la obra anterior de Fornes.

Resulta sintomático que sea el concepto de Entropía el que inspire esta muestra. Un concepto proveniente de la física, cuyo enunciado fundamental, a grosso modo, es el de una magnitud física capaz de mantener el equilibrio de un sistema y que, por tal razón, puede medir el grado de organización del mismo. Es sintomático, porque habla de cómo la experimentación con el lenguaje y los materiales, forma parte de la sintaxis expresiva del artista. Trabajo de sintaxis como una suerte de alquimia, donde la pólvora y el agua, el lienzo, la pintura y el papel, buscan destilar otra realidad del material, capaz de absorber el espesor e intensidad de la subjetividad. Por otra parte, un discurso que ha dejado de creer en los macro relatos de las utopías que ilusionaron al hombre del siglo XX. Una sensibilidad, que percibe la inestabilidad de nuestro mundo como una fuente de feroz incredulidad. Por tanto, dada la crisis de los valores, se hace necesario fundar el alma de otra espiritualidad, de otro humanismo con la potencia para irradiar hacia el exterior la armonía y el equilibro del “ser” en la intimidad. Las obras de Fornes llevan, en cierto modo, una marca de ‘lo neutro’, en el sentido que le otorga Barthes, aquello “que desbarata el paradigma”, aquella diferencia que separa “el querer-vivir del querer-asir”. Son estos paisajes íntimos de Fornes la expresión de una euforia incombustible, el pulso de la verdad de la vida que no se apaga.

Todas las imágenes por cortesía del artista y ArtScpeLab, Miami,

Dennys Matos.